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Nosotros, quienes ponemos en línea hipersociología,
nos fuimos encontrando a lo largo de la experiencia del -ya viejo
y elitista- seminario de Informática y Sociedad. Cierto
que no puede atribuirse con exclusividad a las discusiones académicas
y al programa la estructuración del presente equipo de
trabajo. El cabernet sauvignon
cumplió un rol fundante, para dar luego paso a otras cepas.
Pero de allí no debe concluirse que estas no tuvieran
lugar (las primeras, no las cepas). Puede decirse que se trató
de discusiones intelectuales regadas por algo más que
la curiosidad.
Uno de los iniciados en la animación de esta experiencia,
fue Pablo que siempre acercaba un chisme sobre un tal java, o
cgi, incitándonos a probarlos. La búsqueda incansable
por cuanta bodega albergada en esta ciudad de no tan buenos aires
intelectuales y políticos, aunque mejores líquidos,
y la frustración consecuente ante esta pesquisa, nos traía
nuevamente a la realidad de sus intentos de programación
y proyectos virtuales. Pero no eran más que sueños,
o simples juegos de seducción cognitiva. Después
de todo, en el seminario también había chicas.
Tuvo que aparecer Alejandro, para señalar dos cosas.
La primera, que la movilidad social es posible en el capitalismo
salvaje actual, y que las clases sociales, en consecuencia, no
tienen por qué concitar adhesiones tan fieles como los
equipos de fútbol. La segunda, que el saber burgués
no es sino la reapropiación sistematizada del conocimiento
obrero (u obrero estudiantil en este caso, a la usanza mayofrancesa,
hoy convertida en consigna extendida por la izquierda criolla).
Es así que, basado en estas certezas, cofundó una
empresa proveedora de Internet que albergó y alberga a
Hipersociología, como retribución por vaya uno
a saber que saboir faire, o qué brindis.
Se sospecha que Adorno fundó su teoría estética
cuando supo que Alejandro se dedicaría además al
jazz. Pero sobre esto Hipersociología no abre juicio alguno.
Hoy disfruta de un alargado sabático que tal vez le permita
concluir con éxito el CBC, y con ello dar por finalizada
la carrera de sociología, que como sabemos, resulta indispensable
para sostener un emprendimiento lucrativo. De lo contrario tememos,
nueva movilidad social.
No es cierto que Nacho purgue una condena matrimonial, por
razones atribuibles a inconducta dentro de este colectivo. Por
el contrario, Hipersociología estimula la más firme
libertad de conciencia y acción, aún para el suicidio.
Pero se recordará particularmente entre sus contribuciones
-ya en el marco de su preocupación por las publicaciones
científicas que se consigna en esta página virtual-,
que nos acercara un texto que nutrió nuestro acerbo y
alejó momentáneamente de los Castells, Reinghold,
Heim, y demás . Desde entonces es consultor ineludible
ante cualquier problema metodológico.
A Miguel se lo encontró navegando. O mejor dicho naufragando.
Lo rescatamos con un gomón cerca del pilote 24 del Río
de la Plata, en días de regata. Nos pareció un
gesto simpático de nuestra parte, aunque no hiciera tanto
frío, y nuestra preocupación se centrara exclusivamente
en realizar un estudio comparativo entre la navegación
en internet y la navegación a remo en el esturario. Para
ello obtuvimos un subsidio de la Indian Rowing Foundation que
nos permitió adquirir un ancla (que no resultó
indispensable, ya que la corriente nos arrastraba directamente
hacia el desdichado). Miguel decidió cursar el seminario
cuando se enteró por nuestro intermedio que existía
una interfase informática para el GPS, que de usarla le
hubiera evitado la mojadura, además de los reproches de
su mujer, aunque hay quién sostiene que lo atrajo el cognac
Napoleón con el que recuperó la temperatura. Desde
entonces vive y navega al abrigo de entornos virtuales, y frazadas,
desde Hipersociología.
Han pasado algunos como Florencia, cuya obsesión consistía
en bucear el fenómeno publicitario en Internet, navegando
los más difundidos sitios. Así llegó a conocer
aquel marinero griego con el que navegó hasta el Egeo,
para luego abandonar. Hoy bucea en la gran barrera australiana.
Otros como Nicolás o Mariana, no saben aún si seguir
los pasos de Florencia o de Nacho. Es explicable que esta duda
los paralice. No es seguro llegar a buen puerto por estos medios.
Entretando, Hipersociología continúa concitando
la atención de algunos que como Sebastián prefieren
las tareas pesadas de la programación, o la construcción
de cuadros de doble entrada, a escuchar MP3 seleccionados de
entre la peor programación salteada, en los parlantes
spica de las notebook o pilot con las que todo este equipo alardea
a fin de exhibirlas con fines de atracción, aunque sólo
consigue acercar hackers intrusivos. Si se lo llamó heavy,
será, antes bien, por su interés en el programa
fuerte de la sociología, que por las distancias con el
software que contribuyó a crear.
A este colectivo le resta inmediatamente un nuevo libro de
cúneo propio, una incorporación a la biblioteca,
un cambio de programa, la lectura del último que apareció
en amazon, en fin, excusas para interminables reuniones, renovados
brindis, dudas diversas que son siempre la tensión pretendidamente
disimulada, aunque irredimible, ante el drama de la perplejidad
frente a un objeto o sujeto, fantasmagórico, velado, difuminado,
en la web social.
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