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DE PASEO POR EL TIEMPO (*) por Andrea D'Atri. |
INTRODUCCION
Imaginemos. El escritor deja aflorar a través de su memoria los recuerdos de la infancia. La tinta fluye o se detiene; el esfuerzo es mental, y de eso depende su escritura, que a medida que emerge hilvana las secuencias de su historia privada. Ya no es el pequeño Marcel, sino el hombre que moja la magdalena en el té que le acerca su madre un día de invierno y se pregunta: "¿llegará hasta la superficie de mi conciencia clara ese recuerdo, ese instante antiguo que la atracción de un instante idéntico ha ido a solicitar tan lejos, a conmover y alzar en el fondo de mi ser? No sé. Ya no siento nada, se ha parado, quizá desciende otra vez, quién sabe si tornará a subir desde lo hondo de su noche. Hay que volver a empezar una y diez veces, hay que inclinarse en su busca. Y cada vez esa cobardía que nos aparta de todo trabajo dificultoso y de toda obra importante, me aconseja que deje eso y que me beba el té pensando sencillamente en mis preocupaciones de hoy y en mis deseos de mañana, que se dejan rumiar sin esfuerzo. Y de pronto el recuerdo surge"(1).
Aquello que se expresa, se cuenta o se dice, como afirma Brunner, es la materialización de una forma narrativa de comprender el mundo, y como tal, supone una temporalidad o una forma organizada de crear o dar información sobre una realidad, de manera que es posible identificar sobre ella una génesis, un desarrollo o una trama y quizás también, una conclusión.
Nuestra cultura ha sido preparada para generar o escuchar historias, y lo que no se puede obviar es la secuencia. Son los que el filósofo francés J. Lyotard denomina los "relatos" de la sociedad moderna (2).
Del mismo modo puede afirmarse, en relación a las tecnologías digitales, -pero más específicamente a la red Internet-, que se determina un modo de existencia subjetivo literario, puesto que cada sitio está prefigurado mediante un relato o texto, el cual puede no tener correlato con una identidad real. Es decir que como primera resultante de esta tecnología, se constituyen sujetos que escriben o sujetos lingüísticos (3). Esto, haciendo la salvedad de que consideramos la actual instancia que conforma la red, y dejamos en claro que hay aún acotamientos técnicos que conducen a esa limitación, la cual si no estuviera, daría paso a una forma comunicativa no necesariamente textual, no sólo y prioritariamente escritural, quizás con otra inmediatez y frecuencia auditiva, visual y táctil.
Entonces si es así, y en la actualidad asistimos a un tiempo en donde la linealidad de las historias narrativas desaparece y prevalecen: lo instantáneo atemporal, la realidad virtual, el zapping televisivo que además se traslada a muchas otras instancias de la vida social, la simultaneidad de las transacciones (no sólo financieras); entonces la pregunta que emerge es de qué manera podemos considerar ese algo inasible que no se ve ni se oye, que no se toca ni se huele, pero de cuyo paso es testigo el irreversible camino hacia el fin que recorre cada vida: el tiempo.
Para Manuel Castells, si se generalizara esta tendencia de lo simultáneo, lo instantáneo, el zapping, entonces desaparecería la práctica de contar historias. Pero eso aún no ocurre, porque todo sucede en el espacio, -como función del tiempo en la concepción moderna-, de los flujos, y por lo tanto, alejado de las márgenes u orillas. Según el mismo autor, los flujos son una secuencia, -programada, repetitiva y con sentido-, de intercambio e interacción entre posiciones físicamente separadas, sostenidas por actores sociales en las estructuras económicas, políticas y simbólicas de la sociedad (4).
La obra importante de Proust parecería ser acercar al presente, quizás para ordenarlos, los diferentes sentidos que le confieren sus recuerdos, sinónimos de su pasado. Una necesidad deliberadamente narrativa, ya que aunque no suponga un encadenamiento espacio-temporal (cronológico), pretende una textualidad secuencial que ordene esos momentos vividos, pasados, que sobrevienen anárquicos en el presente. El autor utiliza esa forma narrativa para comprender el mundo, apelando a los recuerdos a través del encadenamiento de los sentidos. Sin el sabor de la magdalena o la percepción del frío, quizás no afloraría ese momento de la infancia experimentado por el pequeño Marcel.
Una pregunta, en este breve análisis, queda instalada entre líneas: ¿qué distingue verdaderamente aquel tiempo de múltiples espacios y tiempos del pasado, demarcados, sistematizados y por lo tanto racionalizados, -modernos-, de aquel otro tiempo sin entidad real, "atemporal", como lo denomina Castells (5) por negación?
Una primera explicación espontánea nos podría llevar a hacer la salvedad de que quizás se trate sólo de un simulacro, de un movimiento apócrifo transmitido digitalmente en "tiempo real", por el cual llegamos a creer que el tiempo hoy ya no tiene existencia, es decir, que al hacerse simultáneamente, cada vez, y de manera virtual, se pierde en su esencia. Es virtualmente una sóla vez, y luego ya no es más, concluye.
Es cierto que hay una oposición temporal, en el sentido de que mientras la red Internet permite un involucramiento colectivo (en el supuesto caso de que toda la población dispusiera de esta tecnología) en el tiempo, y con un espacio virtualmente "desaparecido", también hay una existencia cotidiana (mayoritaria) que remite indefectiblemente al tiempo que estamos habituados a racionalizar. Las horas, los días, los años o el milenio, el tiempo del trabajo, del ocio, del entretenimiento, del viaje, de la espera, de la ausencia, son palabras y son cosas, son puntos de vista y son convenciones culturales, sociales, históricas que determinan el transcurrir de los individuos en la sociedad actual: el trabajo, la educación, la crianza de los hijos, etcétera.
¿Hay dos tiempos que se contraponen per se, o la pregunta está mal formulada y en realidad la disparidad se produce porque lo que se ha instalado en el espacio es la mediación tecnológica (Internet), la cual como supone Castells sólo corresponde -por ahora, podríamos agregar-, al espacio de los flujos?
Una de las respuestas posibles tiene que ver con el fundamento contextual de esta distinción. Es decir, sería posible observar el contraste a partir de los postulados que nos brindan dos esferas divergentes, las cuales "determinan" (entre comillas porque no es que una influye sobre la otra), dos tiempos disímiles. Se trata de tener en cuenta las características de los ámbitos de la modernidad y la posmodernidad.
Un segundo enfoque respecto del tiempo y la comprensión de su transformación en el contexto de las tecnologías digitales surge como consecuencia de esa contraposición de esferas. Se trata de analizar el modo en que Internet, por ejemplo, ha modificado el sistema de producción e intercambio en la economía actual, habida cuenta de que las transacciones reales que se efectúan de manera virtual, introducen un modo nuevo de entender la economía global.
Tercero. Las preguntas no son nuevas: ¿quiénes somos?, ¿hacia dónde vamos, en medio de este tiempo que se prefigura más como un pasaje veloz por conductos infinitos, que bien podríamos imaginar serían como continuos flujos entre redes invisibles, o más atrás en el tiempo, como las galerías que imaginó Cortázar para desplazar a sus personajes de una ciudad a otra?. Es decir, de qué manera tenemos que hablar hoy sobre nosotros, y qué nos sucede al compartir el tiempo moderno y aquel que propone la telaraña virtual.
Si la "catástrofe" (en el sentido que tiene esta palabra para Baudrillard (6), es decir como repentinos torbellinos para hacer frente a la insoportable levedad del ser) hoy, es sólo un simulacro, se trata de, al menos, anclar algunos sentidos temporales de nuestra sociedad. Si lo virtual, devenido real, simultáneo, veloz, atemporal, global, desplaza aquella necesidad proustiana de fijar un tiempo para denominarlo, entonces igualmente se trata de interpretar las transformaciones o las diversas representaciones y "transparencias" presentes en nuestra cultura. Así se precise, para ello, hallar un nuevo modo de construir el conocimiento, a partir de un desplazamiento (¿posmoderno?) de la comprensión del mundo.
ESCRITORES DEL MAÑANA
Algunos autores proponen hablar de neomodernidad en vez de postmodernidad. Adhiriendo al "pos", "discurriríamos hacia un futuro que habría dejado atrás los rasgos estructurales específicos que signaron la época pasada para incorporarnos sin embagues en la posmodernidad"(7).
Sea cual sea el término preferido, aceptamos que hubo un antes y que hay un ahora; que en esa distinción, el tiempo que prefiere la modernidad es el futuro como sinónimo de promesa, a la cual podríamos añadirle una cualidad afín: la positividad.
En esta línea, sin embargo, pueden analizarse también los múltiples e insoportables discursos de quienes hoy se inscriben en la variable optimista-tecnológico. Bill Gates, cada tanto, instruye y escribe en tiempo verbal futuro lo que sucederá con la última invención tecnológica digital que se esté "cocinando" en su multimillonaria empresa Microsoft. Lo mismo se puede decir de "Ser digital", de Nicholas Negroponte.
Sigue siendo posible algo que ya es anacrónico: la conciencia acerca de la falsedad de ese discurso, que de modo exacto expresa Schmucler (8): "Nueva anunciación que parodia la del arcángel Gabriel. La diferencia entre una y otra anunciación no es nada desdeñable, mientras el emisario del relato bíblico, el nuncio, confirma el misterio fundante del mundo, los anuncios sobre las autopistas de la información resuelven el enigma del futuro".
Pero acá lo paradógico es que estos discursos optimistas que reiteran la fe ciega en el progreso como ley histórica e ilimitada sobreviven a través de las múltiples posibilidades que ofrece la tecnología digital, correspondiente a "tiempos y espacios virtuales y relativos, característicos de la Posmodernidad" (9). Se trata de una similitud. Es decir, subsiste aquella intención "moderna" de nombrarlo todo, buscar las causas y absolutizar, con un mismo objetivo de apostar al futuro.
Entonces se plantea hasta qué punto lo nuevo posmoderno (en la tecnología) se constituye como diferente de lo otro (moderno), si lo que Schmucler denomina "pensar técnico" se prefigura como ideología dominante, y como tal no sólo construye una versión de la historia pasada, sino que enfoca al futuro, "marcado por un necesario progreso". Optimismo social que a su vez implica excluir a lo tecnológico de lo ideológico en una suerte de neutralidad de campo, a partir de lo cual todo vale (incluso el proponer que la historia ha concluido). Es decir, nos libramos del peso terrible que significa ese tiempo lineal y absoluto, corpóreo, espacial.
Banet dice que hoy "el deseo de prescindir del cuerpo, del tiempo y del espacio en la búsqueda de una emulación electrónica de las comunidades no está accidentalmente intensificado en una época donde el espacio y el tiempo de la vida cotidiana se ha tornado incierto, poco placentero y hasta peligroso". En esto el tiempo debe ser un factor crucial, que de alguna manera molesta, justamente porque lo que estorba es el "mientras tanto". Baudrillard (10) lo dice en un texto que analiza la relación del hombre con lo que él denomina "las máquinas artificiales": "todo lo que constituye la economía de la mediación es fuente de goce. La seducción es lo que va del uno al otro sin pasar por lo mismo. En la metamorfosis, se va de una forma a otra sin pasar por el sentido. En el poema, se va de un signo a otro sin pasar por la referencia. La elisión de las distancias, de los espacios intermedios, provoca siempre una especie de ebriedad. ¿Y qué hacemos en la misma velocidad sino ir de un punto a otro sin pasar por la duración y el movimiento? Ahora bien, la velocidad es maravillosa, sólo el tiempo es fastidioso".
El tiempo en todo caso, se tomó su tiempo, se transformó y concluyó en un fastidio. Desde el principio al hombre le preocupó conocer su origen, su lugar y su transcurrir en el mundo, y lo hizo dando múltiples explicaciones, que, haciendo un salto muy alto, aterrizaron en la noción de tiempo lineal antropocéntrico que difundió el movimiento iluminista, al cual a su vez se llegó luego de "desplazar a Dios como fundamento de lo que existe, -teocentrismo-, por el hombre genérico que descubre y modifica su mundo a partir de la razón" (11).
"Trátese de evolución o revolución, en todos los pensadores modernos aparece la idea de la historia como una línea de progreso y de sucesivas etapas. Todos creían, de un modo u otro, que íbamos siempre hacia adelante", afirma Adaszco, en línea con lo que expresamos anteriormente sobre el optimismo que a su vez dejaba traslucir esta cosmovisión del suceder del mundo: la evolución constante.
En principio el tiempo lineal. En segundo término, dice el autor, el tiempo como "algo propio de la conciencia del hombre, pero no como hombre aislado, sino de todos los hombres"..., "el hombre en el centro y como portador de las categorías a priori de espacio y tiempo". Esta es la idea al respecto de la modernidad. Luego vendría la ruptura del siglo XX. Los intentos "fundamentalistas" de la racionalidad moderna se van perdiendo (en el tiempo y en el espacio), por causas de esa misma historia lineal que "iba siempre hacia adelante". Es decir, el progreso implica que todo se hace más relativo; no sólo en las ciencias sociales se avanza por ese camino (antropología cultural mediante), también lo hacen las dos concepciones de mayor vigencia en la física: la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad.
La ruptura se produce en el seno de esa racionalidad que permitía (permite) demarcar perfectamente los lugares de cada acontecimiento, situándolos en un momento dado; racionalidad que hacía (hace) posible buscar en los intersticios de la memoria las causas de los efectos presentes para que, extractando lo "malo", sólo se repita lo "bueno" en el futuro; implicaba (e implica) también la organización y la planificación del tiempo.
Con la declinación de las ideas modernas, y la adhesión a un relativismo que lleva a descentralizar las esferas, diversificar los sentidos, los sectores y los sujetos, desplazar los conocimientos, sobreviene el "estado de devenir". Hay un traspaso, de un tiempo lineal, irreversible, medible y predecible, concebido en términos materiales en la modernidad, "como el dominio del tiempo de reloj sobre el espacio y la sociedad" (12), a un tiempo relativo según contextos sociales, reversible, autosostenido, aleatorio, incurrente, atemporal, según los calificativos que da Castells.
Es a través de las nuevas tecnologías digitales que numerosos pensadores contemporáneos pueden contestar la pregunta formulada acerca del tiempo (y el espacio) presente en su relación con uno pasado. La respuesta es que el tiempo actual es el presente continuo. "La velocidad de la luz actualiza el pasado y el futuro en un presente continuo,... a esa velocidad el ser humano no puede diferenciar entre ambos momentos"... "Es a ese tipo de actualización en un presente continuo al que llamamos "tiempo real", y es el tipo de velocidad y de tiempo que utiliza la tecnología Internet" (13).
Para Castells, por su parte, lo que ocurre es que se utiliza la tecnología para escapar de los contextos de la existencia del tiempo y apropiarse selectivamente de cualquier valor que cada contexto pueda ofrecer al "presente eterno".
(Además, ¿sería muy pretencioso decir que el hombre continúa en su búsqueda de la inmortalidad? Porque lo que se puede sostener es una pretensión de evasión del tiempo real, y por lo tanto de la realidad, como una inconsciencia consciente permanente en ese devenir del hombre. Por ejemplo, sería así, si pensamos en el desarrollo intensivo de la tecnología informática destinada al entretenimiento; si pensamos en la realidad virtual; y ya en otro aspecto, el avance de la investigación en el campo de la genética, la clonación de la vida).
La conclusión a la que arriba Castells es relevante, porque nos muestra uno de los múltiples sentidos que plantean las nuevas tecnologías. En este caso, no se trata de un anclaje auspicioso: el tiempo atemporal o presente continuo de "las redes del espacio de los flujos" parece ser el resultado de la negación del tiempo (pasado y futuro), es hoy la "forma emergente dominante" en un espacio social que incluye o excluye funciones y gente. Recordemos que la tecnología Internet hoy no está al alcance y utilidad de un alto porcentaje de la población mundial, y que a esa mayoría de excluidos es a quienes se les niega la participación en el actual sistema (de comunicación, de información, de intercambios, etc.).
"La circularidad de los flujos financieros informatizados o en la instantaneidad de las guerras quirúrgicas, se sobrepone al tiempo biológico de la pobreza o al tiempo mecánico del trabajo industrial... Se crea una distancia social infinita entre esta metarred (con formas de espacio y tiempo dominantes) y la mayoría de los individuos, actividades y localidades de todo el mundo. No es que desaparezcan la gente, las localidades o las actividades, pero sí su significado estructural, subsumido en la lógica invisible de la metarred donde se produce el valor, se crean los códigos culturales y se decide el poder" (14).
ES EL FUTURO QUE VUELVE
Es el poder de la red que integran las nuevas tecnologías de la información y la comunicación el que se afianza cada vez más, con un valor muy alto que se cotiza en tiempo real, en una bolsa virtual, y que amenaza -sabemos que esta palabra remite indefectiblemente al término "apocalíptico", pero no queda por ello explícita la intención-, con apropiarse del mundo real.
No sólo por el valor económico que conlleva para los países donde más se han desarrollado y se utilizan estas tecnologías. De hecho Internet implica la "entronización del poder económico por encima de cualquier otra fuerza" (15). Como lo dijimos antes, las transacciones reales que se efectúan de manera virtual, introducen un nuevo modo de entender la economía global.
Ocurre por un lado un fenómeno que también puede observarse, -en pequeña escala, como todo lo referido a las tecnologías-, en nuestro país. Empresas digitales nuevas se están "deglutiendo" otros negocios consolidados y rentables sobre los cuales los mercados no se interesan, por efecto de lo que se denomina "valor creado", aquel que permite que una pequeña empresa en la cual se apuesta a futuro, vaya aumentando su cotización en la bolsa y mejorando también su posición ante las empresas rivales, dado que ese "valor creado" les permite realizar inversiones masivas (por ejemplo en publicidad), y atraer así con su performance a nuevos inversionistas. El mensuario Le Monde Diplomatique/el Dipló, en Argentina, explica de este modo la reciente alianza de America Online (AOL) y Time Warner, que plantea una nueva economía donde no importan los déficits, en la medida en que aumente su cotización en la bolsa (16).
Detrás de todo esto lo que prevalece es, una vez más, la "apuesta al futuro". El valor de esas empresas reales virtualizadas no está en el presente, los inversionistas lo saben. Lo mismo sucede en Argentina con muchas empresas jóvenes destinadas a realizar operaciones financieras y de negocios vía internet, cuyo sostén económico son grupos empresariales de probado poder en el mercado (es el caso de altoinvest.com), que en general son los accionistas fuertes de esas empresas, que no consideran un inconveniente invertir en una empresa "sitio" que ellos saben que puede no tener ganancia durante al menos cinco o más años. Se trata de "capturar el tiempo futuro en las transacciones presentes", y lo que hace, tanto el empresario como el usuario de ese sitio, en base a proyecciones informáticas, es apostar al dinero que vendrá mañana.
Por otra parte, la tecnología Internet provocó un cambio en la manera de realizar las transacciones, que a su vez modificó la estructura de la economía global. Las apuestas en las bolsas de valores se realizan a la velocidad de la luz, a través de la red informática (Nasdaq), provocando en este "casino global" una "circularidad temporal del proceso, una secuencia incesante de compra y venta que caracteriza al sistema" (17).
Una de las consecuencias visibles de esta forma distinta de hacer transacciones, eliminando los factores espacio temporales que con el sistema tradicional tenían otra implicancia, es la globalización. Y es esta globalización la que modifica el sistema, acelerando la compra y venta de acciones, intensificando el ascenso y declinación de los negocios, las empresas, los intercambios, que ahora funcionan en tiempo real.
EL HOMBRE REAL
Qué le ocurre, entonces, ante este panorama extenso, al hombre real que integra esta arquitectura tecnosocial desigual, que sin embargo otorga promesas democráticas, pero que se vende como producto de consumo masivo, es decir como mercancía, en un contexto económico, político y social donde triunfa el capitalismo en su máxima expresión.
La necesidad parecería ser la de poner un alto a ese devenir de los flujos para dar sentidos, lo cual precisaría en este esfuerzo de conocimiento, -que a la fuerza necesita ser narrado-, que se detenga aunque más no sea virtualmente la flecha del tiempo, de manera de poder esbozar, al menos, una trama ya no cronológica sino "flasheada", como instantáneas que se imprimen en diversas pantallas, dejan su imágen y desaparecen. El hombre que escribe se detiene en su paseo por la memoria para traer hacia sí los momentos vividos. Lo hace para darle un sentido a su temporalidad. Quizás la pretensión sea sólo eso. Paul Virilio sostiene que tantas palabras y tanto flujo de información seguirán sin poder resolver las preguntas permanentemente abiertas del ser humano: la muerte, el amor, la fe, la soledad, el erotismo (18).
Aquí las preguntas abiertas son otras. La intención es poder dar cuenta del tipo de subjetividades que se construyen, por un lado, dada la mediación de las nuevas tecnologías en su relación con el hombre (software de comunicación), y por otro lado, dados los "modos" que sobrevienen a partir de la edificación de una realidad otra, a partir de la virtualidad del medio tecnológico (software virtual).
Entendemos que esta pretensión sería un tema pendiente de análisis de otro trabajo, en el cual no deberían obviarse aspectos como las consecuencias que emergen en la sociedad a partir del acceso desigual a las nuevas tecnologías; o el análisis de los nuevos tipos de lazos sociales, de solidaridad, de intercambio o a nivel de movimientos sociopolíticos que se introducen como variables a los modos tradicionales de hacer política, entre los integrantes de los grupos que conforman los "conectados" a las nuevas tecnologías.
Ateniéndonos a nuestro tema específico, deberemos tener en cuenta la escisión, o por lo menos, la metamorfosis que entendemos se produce en el sujeto o individuo, en relación a su percepción del tiempo debido a ese contraste y estado de cosas en el que está inmerso, caracterizado por un lado por lo que Castells denomina "dominio del tiempo de reloj sobre el espacio y la sociedad", -el tiempo cotidiano-, y por otro lado, por una desagregación del tiempo en el espacio virtual.
El tiempo real a través del cual se efectúan los intercambios e interacciones entre personas físicamente separadas (definición que hace Castells del "espacio de los flujos"), sumado a que la distancia (el espacio) es virtualmente eliminada, fomenta nuevos tipos de prácticas sociales.
Es característica de la red internet la desjerarquización de las relaciones humanas, favorecida por su acentralidad (19). La supresión de barreras geográficas, la mayor distribución y circulación de información, ideas y conocimiento, los nuevos modos de relaciones y comunicación interpersonales, diferenciadas del tradicional cara a cara, en un momento y lugar dados, está produciendo una "nueva cultura interconectada" (20), de individuos que en principio parecerían estar expectantes respecto a los resultados (en este caso deberá pensarse en efectos o en condicionamientos) que puedan llegar a producirse con esas nuevas prácticas tecno-sociales. No es sólo la novedad, y por lo tanto la seducción de lo nuevo, lo que hace a millones de personas estar absortos y maravillados frente a la pantalla que los conecta a la red mundial internet, son también las posibilidades en relación a la comunicación (personal, informacional, de conocimiento, entretenimiento, de creación individual, etc.), las características que contribuyen a esta expectativa acerca de la red.
Sin dudas se ha producido en esta ruptura de la secuencialidad espacio-temporal tradicional una serie de transformaciones de las prácticas sociales, como que a partir del acceso (de los conectados) simultáneo, es decir, de todos al mismo tiempo, al espacio de los flujos, se modifica el modo tradicional de producción, distribución y consumo de la información, tal como lo hacían/hacen los medios de comunicación en sus viejos formatos (aunque hoy por hoy, cada vez más los medios incorporan las posibilidades de la red: diarios, radios e imágenes, en internet). Así también, este nuevo modo permite una reproductibilidad infinita de sus contenidos, creando una suerte de gigantesca industria cultural, sin obviar por ello también que esto va acompañado de la dimensión cada vez más grande de la hipercomercialización de internet. En estos sentidos sí es posible hablar de igualdad de oportunidades en la red, por más que siguen quedando pendientes la distribución igualitaria del ancho de banda y como siempre, el desigual acceso a la tecnología (21).
Lo que hoy se presenta en el marco de las prácticas sociales, es una coexistencia de esos nuevos tiempos reales-virtuales, con aquellos otros que marcan la experiencia individual, ya que subsisten en un espacio sistematizado. El tiempo del reloj en el espacio del trabajo no ha variado, -al contrario, en algunos casos el desarrollo tecnológico informático lo ha intensificado ya que permite una mayor capacidad productiva-, por más que existan las experiencias laborales (excepciones hoy por hoy), en las que el trabajador elige el tiempo de trabajo en su casa, a partir de su conexión personal a la red.
Sin dudas podríamos pensar que esas dos instancias se determinan y producen estructuraciones y desestructuraciones al interior de las interacciones e interrelaciones entre personas, entre grupos, entre sectores sociales. En principio una desestructuración de las relaciones entre aquellos que "viven" a través de la red casi todos sus tiempos, por acceso a la tecnología en principio, por su involucramiento laboral, por la utilización del medio en reemplazo de otros medios convencionales (tradicionales); de aquellos que no tienen disponibilidad de acceso.
Pero a partir de todas las confrontaciones que se hagan (sociales, económicas, culturales, políticas, entre naciones, entre mundos), lo que subsiste es la diferencia, y donde situemos esta variable deberemos hablar de dominio de unos sobre otros. Ideas, informaciones, conocimiento, dinero, cultura, oportunidades, disponibilidades, poder, se conducen por la vía tradicional o por la autopista informática, y parecería ser que este ámbito dual que impone una doble esfera temporal a partir de la mediación tecnológica, nos conduce una vez más a realizar un análisis a través de la dimensión política, del funcionamiento de la red, en convivencia con formas tradicionales, pero a partir de las posibilidades de acceso y utilización de la tecnología. Lo cual sería una manera de enfocar el estudio hacia otras múltiples variables en relación a esa lógica: esferas públicas y privadas, democratización y ciberciudadanos, alteridades, movimientos sociales y/o políticos desde/y a través de la red; y todo ello, sin poder deslindarlo de los juegos de poder históricos de la sociedad.
¿Y qué podemos decir acerca del poder, acerca del dominio?. Como lo dice Castells en "La sociedad red", cada vez más "el poder de los flujos tiene prioridad sobre los flujos de poder". La red cobra cada vez más importancia sobre los otros espacios (el de los desconectados en general, pero también aquellas vías tradicionales de circulación de la información), dejando afuera "funciones y gente". Hay una escisión generalizada, global, que diversifica, fragmenta y desconecta, y si bien, según el autor y como ya lo citamos, "se crea una distancia social infinita entre esta metarred y la mayoría de los individuos, actividades y localidades de todo el mundo", no se sabe bien hacia dónde conduce esta división, aunque sí se comprueba que está produciendo una transformación histórica de la experiencia humana (sin intenciones de ser "optimistas" sociales ni tecnológicos).
Otros vínculos, otras formas de apreciar, presenciar o protagonizar la circulación del poder en todos los ámbitos, otros métodos de interiorizar los saberes, son algunas manifestaciones visibles de esa transformación. También lo es la forma más igualitaria -en relación a los sistemas tradicionales o medios de información y comunicación-, de producción y distribución de conocimiento o de otro tipo de expresiones. Desde ese punto de vista, el nuevo medio es más participativo.
CONCLUSIONES
Tal como se cuestionaron los pensadores del pasado y se hacen los teóricos del presente, siguen quedando abiertos los interrogantes acerca del futuro. Sin dudas ese tiempo (y espacio) está entre aquellas preguntas que decía Virilio, permanecen siempre abiertas.
Queda bastante atrás la necesidad de ir secuencialmente -cronológicamente- en busca del tiempo perdido, dado que esa manera no basta para contar la historia; en tanto persiste la forma moderna que elige la narración, en este caso para componer el "gran relato" de todos los tiempos y cada uno de ellos, en un tiempo verbal que se manifiesta de acuerdo a la hegemonía que determine, por ejemplo, el discurso del conocimiento científico-técnico.
La multiplicación de las pistas, las voces, los participantes, las formas, los mensajes, fomentan el imaginario social democrático, a pesar de que nunca como hoy el sistema económico y político estuvo más unificado, -tal como se manifestaría en el mejor de los totalitarismos-. En este aspecto, habría que pensar hasta qué punto ese imaginario no es más que un simulacro social, acorde, justamente, al gran relato de los que ejercen el poder, es decir del discurso hegemónico.
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En cuanto a la intención de contextualizar todos estos procesos, ya no hay un deseo explícito (o, al menos, nadie lo admite narrativamente) de comprender el mundo a través de un sistema teórico cognitivo total, abarcativo, definitorio, sistemático, moderno; al mismo tiempo, lo que algunos denominan posmodernidad, no basta para definir los cambios de la cultura y la sociedad del siglo XXI, porque como en una continua mutación de sí misma, esta nueva noción produce/construye explicaciones diversas que llegan a ser contradictorias, (a veces incluso, "modernas") por lo que no logran satisfacer, ni responder, por sí mismas y de manera revolucionaria, las preguntas de siempre. En síntesis, lo que hay son esbozos unificados o divergentes, tanto en su ideología (en su esencia) o en su manera de expresarse, en su gran relato, que reiteran la eterna lucha por el poder y su intención de ejercerlo, -con variaciones en los modos de mostrarse-, que diluyen los límites entre ambas esferas.
(*) Trabajo monográfico efectuado para el seminario Nuevas Tecnologías, dictado por el profesor Emilio Cafassi entre agosto y diciembre de 1999 en Santa Rosa, para la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, carrera de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa.
CITAS
BIBLIOGRAFIA