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por GABRIELA F. MUÑOZ. |

Existía en antiguos tiempos, allá por el año 331 a. de C., una ciudad a orillas del Mediterráneo. Esta ciudad, recordada por su legendario faro, se llamaba Alejandría, en honor a su fundador Alejandro Magno. En épocas en la que la cultura helénica invadía el mundo conocido, y enclavada en medio de Egipto, fue la capital comercial, literaria y científica del mundo.
...Su población tenía una maravillosa diversidad. Soldados Macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos, visitantes de la India y el África subsahariana todos ellos, excepto la vasta proporción de esclavos- vivían juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del periodo que marca la grandeza de Alejandría...[1].
Poseía esta ciudad un sitio por demás notable, dirigida, a su vez, por el sabio más notable, Eratóstenes. La antigua biblioteca tenía tal magnitud que entre sus papiros reunía la totalidad del conocimiento universal. Claro está que esta afirmación era cierta sólo sabiendo cual era la extensión del mundo y del conocimiento por aquel entonces. Y siendo el primer instituto de investigaciones de la historia del mundo, esta biblioteca constituyo un serio intento de reunir sistemáticamente el conocimiento a su alcance y aún más.
Gracias al esfuerzo de los Tolomeos, que dedicaron gran parte de sus riquezas y esfuerzos a la búsqueda y compra de libros de todas las culturas y lenguajes conocidos, la biblioteca lleno sus arcas de volúmenes de los más diversos orígenes: escritos llegados del África, Grecia, Persia, Las Indias, escritos hebreos. Los volúmenes que llegaban a manos de los organizadores de la biblioteca eran confiscados, copiados y luego devueltos a sus dueños o bien comprados a sus propietarios originales.
Es difícil para los historiadores estimar la cantidad de volúmenes guardados en esta biblioteca, pero parece probable que la cifra llegase al asombroso número de medio millón de volúmenes. Sólo a modo de simple comparación, nuestra Biblioteca Nacional cuenta hoy con tan sólo 900.000 volúmenes.
Por otra parte no fue Eratóstenes el único sabio que caminó sus salas, fue allí donde Hiparco catalogó las posiciones y magnitudes de las estrellas, donde Galeno escribió sus obras básicas de medicina, donde Euclides sistematizó la geometría, donde conocimientos matemáticos, lingüísticos, mecánicos, físicos, vieron sus primeras luces. En muchos de los casos tuvimos que esperar casi dos mil años para redescrubir estos conocimientos.
En el año 642 a.c. los ejércitos del Califa Omar toman la ciudad de Alejandría marcando uno de los momentos claves del crecimiento del poder moro y el inicio de la decadencia de esta ciudad. Sus grandiosos edificios fueron incendiados y la capital comercial trasladada a Fustat, la actual El Cairo. Casi nada quedó de la biblioteca e incluso el legendario Faro fue destruido en el año 1303 por un terremoto.
Sin embargo a pesar de su precioso contenido, esta biblioteca no sólo contenía una ínfima parte de lo que contiene en la actualidad una librería en línea (Amazon.com ofrece en Internet 2 millones de títulos a la venta), sino que, dado que el conocimiento estaba restringido a sabios y sacerdotes, tenía también un ínfimo alcance y fueron estas las condiciones que, continuaron durante la Edad Media e incluso hasta muchos años después de la invención de la imprenta.
Con la palabra impresa y la consiguiente expansión del conocimiento que ella trajo, la producción literaria y científica creció hasta niveles inimaginados por los griegos que habitaban Alejandría. Sin embargo, esta mayor difusión se vería constreñida en su producción por el devenir de la sociedad industrial.
Beccaria escribía en 1764: ...De ahí vemos cuán útil es la imprenta, que hace al público, y no sólo a unos pocos, depositarios de las santas leyes, y cuánto ha disipado ella el espíritu tenebroso de cábala y de intrigas que va desapareciendo ante las luces y las ciencias, aparentemente despreciadas, pero realmente temidas por los seguidores de tal espíritu...[2]. No puede negarse la veracidad de esta percepción, sin embargo, si bien el ámbito de los que leen aumenta de un modo incontenible, el ámbito de los que escriben se reduce en relación a su inscripción en las nuevas características de la sociedad. La producción escrita iría tomando a partir de entonces características que irían restringiendo su primigenia apertura.
Para Michel Foucault el autor es el correlato inescindible de la obra que, tratada como producto, ingresa al mercado y se convierte en mercancía. Es esta mercancía un conjunto de prácticas, procesos, relaciones de poder, que se objetivan y adquieren una sustancia. La obra, algo que fue emergencia de una practica social colectiva, se reifica y aparece como la propiedad de un sujeto.
Cuando se instauró el derecho de propiedad para los textos, cuando se decretaron reglas estrictas sobre los derechos de autor, sobre las relaciones autores-editores, sobre los derechos de reproducción, etc. es decir a finales del siglo XVIII y a principios del siglo XIX- es en ese momento que la posibilidad de la trasgresión perteneciente al acto de escribir tomó cada vez más el cariz de un imperativo propio de la literatura.[3]
Con esta incorporación del autor como concepto, y la aparición de la propiedad privada, aparecerían categorías tales como la de propiedad intelectual o los derechos de autor que, a la vez que establecían la propiedad del conocimiento, hacían al autor identificable, plausible de trasgresión y por lo tanto sujeto de punición.
Es que la producción del conocimiento, el saber de una época -así como sus autores y obras- no constituye una unidad totalizante provista de una esencia, no transita por caminos separados a los del poder, sino que es inentendible si no se mira a través de las relaciones sociales de las cuales emerge.
Estas relaciones sociales no son otra cosa que relaciones de Poder. Tradicionalmente el poder es pensado como ...poder concreto que todo individuo detenta y que cede, parcial o totalmente, para contribuir a la constitución de un poder político...[4] o bien como algo con una funcionalidad económica para ...mantener las relaciones de producción y una dominación de la clase que favorece su desarrollo...[5].
Sin embargo el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza. El Poder no puede ser pensado sólo como fuerza represiva sino como constructivo en el sentido que más que sujetar sujetos, los fabrica a través de dispositivos como la familia, la sexualidad, el trabajo y, lo que aquí nos ocupa, la producción escrita. Tampoco puede ser pensado como siendo propiedad de algunos, sino como atravesando todo el cuerpo social, aunque con grados diferentes de concentración. El poder no se posee, se ejerce.
Ahora, las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan y constituyen el cuerpo social, y estas relaciones no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. (...) Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder y no podemos ejercitar el poder más que a través de la producción de la verdad[6], Este verdad no es tal sino en tanto construida y válida para una sociedad y época particular.
Hasta nuestros días, el conocimiento ha circulado en forma vertical. A partir de las luchas entabladas en tanto relaciones de poder se ha instituido una forma de ver y decir. Una verdad, una determinada forma del saber se ha levantado como la única posible.
Como resultado de estas luchas, el arte, la ciencia, la política... sólo tienen un puñado de medios de acceso al conocimiento público y sólo una pequeña porción supera los filtros necesarios para salir a la luz.
El objeto de la investigación científica no es pasar a formar parte de los anaqueles de las bibliotecas universitarias o los institutos de investigación. La producción académica necesita de la publicación como medio para alcanzar y hacer útiles y efectivos los conocimientos producidos.
Aquellos conocimientos producidos por quienes no han quedado bien posicionados en esta pugna por establecer cuál es el criterio de verdad, cuál es la forma instituida y legitimada de ver, quedarán excluidos de la posibilidad de ser conocidos y por lo tanto de la producción misma del saber.
El conocimiento científico que llegue a manos de la técnica y la aplicación, la difusión de las ideas políticas, las producciones artísticas reconocidas por el público masivo, habrán pasado por el tamiz de los intereses de los distintos dispositivos de poder. Sólo aquel conocimiento funcional a sus intereses o, en el mejor de los casos, aquel que les sea inocuo, pasaran el filtro hacia el conocimiento generalizado. Así es como mientras las pruebas nucleares continúan en algún rincón de la India, no existen fondos para investigación sobre formas alternativas de producción de energía, mientras las practicas de clonación y los beneficios de la biotecnología ocupan cada suplemento o publicación de divulgación científica general, nunca llegan a nuestros oídos las negociaciones sobre la producción internacional de alimentos y el rechazo comercial de la mayoría de los países desarrollados hacia los productos transgénicos, negociados por los grandes centros financieros mundiales.
Sólo ciertas investigaciones son rentables, sólo cierta poesía y sólo cierta música, son consideradas como arte. Toda publicación artística no reconocida, toda aquella que escape a los cánones establecidos, está condenada a perderse en folletines o ediciones baratas, de baja tirada y pésima calidad o a deambular por calles o sótanos mohosos. Toda producción científica está destinada a ser medida en tanto funcional para el mercado y plausible de ser utilizada en la construcción de nuevos sujetos sujetados.
Sin embargo otro de los rasgos distintivos del poder es que algunos hombres pueden, más o menos, determinar la conducta y el marco de acción de otros hombres, pero nunca de manera exhaustiva. El poder, aunque en distintas proporciones, atraviesa todo el cuerpo social.
Históricamente, junto a cada gran sistema de poder, junto a cada estrategia, al lado de cada dispositivo, los sujetos han compuesto un entramado de ilegalismos que les han permitido saltar y burlar las grandes estructuras del poder.
Los sistemas establecen límites que encierran y vigilan a los sujetos dentro de él. Sin embargo el sistema es ...un elefante con la mirada fija que avanza. Es también una grúa gigante, poderosa, incapaz de quitar un corcho a una botella...[7]
El Arquitecto Rodolfo Livingston desarrollo hace algunos años un pequeño principio con ínfulas de teoría. En ella afirmaba que cuanto más rígido y perfeccionado fuese un sistema, más grande sería la fisura. Los sistemas no pueden ser creativos decía, no pueden tener sentido del humor, no pueden arrojar miradas ingenuas, originales, sobre la realidad. Los individuos (algunos), sí.[8]
Internet fue creada como maquinaria de guerra, como sistema de defensa. En 1969 la agencia de investigaciones tecnológicas militares americana, ARPA, puso en línea la primera red que conectaba a todos los centros de desarrollo militar junto al departamento de defensa[9]. Esta red de interconexión de computadoras y redes, por su estructura particular, tuvo un crecimiento geométrico a partir de su utilización por parte de científicos e investigadores para fines que excedían los intereses militares.
La utilización de la red en los centros académicos se fue extendiendo hasta que el volumen total de la información alcanzó al los usuarios de computadoras en general, número que, por cierto, aumentaba en la misma proporción en que el intercambio de información crecía.
A partir de la definición de la función de los ilegalismos y el papel de las resistencias frente a las tácticas y estrategias de poder, Foucault pone en nuestras manos otra útil herramienta metodológica en el concepto de relleno estratégico. Las resistencias no tienen un autor intelectual. Donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor: por lo mismo) ésta nunca se encuentra en posición de exterioridad respecto del poder.[10] Las resistencias nos permiten (además de pensar al sujetado como un componente activo con un sistema de valores alternativos), explicar los cambios a partir de las fisuras que el sistema presenta.
Las relaciones de poder son intencionales y a la vez subjetivas, sin embargo, el funcionamiento efectivo de las instituciones hace que, más allá de las estrategias trazadas, surja un relleno estratégico de esa institución, de ese sistema, que modifica la finalidad inicial.
A partir de la creación de una herramienta de control como fue ARPAnet, se generó a modo de relleno, a partir de las prácticas concretas de los académicos, un mecanismo que permite saltar a través de la fisura eludiendo todos los controles.
La posibilidad concreta del anonimato permite una distribución del conocimiento con una horizontalidad inédita. Y esa imposibilidad hace trizas la función del concepto de autor. Los conceptos de propiedad intelectual, la identidad del autor y, por lo tanto, la posibilidad de punición del la producción intelectual, artística, científica, desaparecen.
Así los que escriben poniendo sus documentos (sean palabras, imágenes o sonidos) en línea pueden escapar de la supervisión y aprobación del saber experto[11] y encontrarse sin intermediarios con aquellos que leen. La tecnología pone hoy en nuestras manos un dispositivo mucho más eficaz y económico[12]que la imprenta o los empresarios para transmitir el conocimiento.
No estamos diciendo aquí que Internet esté llamada a borrar de una vez y para todos las desigualdades en la distribución y acceso al conocimiento. Dijimos que toda relación de poder implica una porción de resistencia y que esta no puede existir sino dentro de una relación de poder y por lo tanto de dominación. No habrá resultados publicables si no hay financiación para la investigación y no habrá lectores objetivos sin la posibilidad de un sistema educativo fuerte y con los medios adecuados dispersos por la sociedad completa. Eso, por supuesto, no sucede. Sólo una pequeña porción del mundo tiene acceso a la Red y una porción aún menor obtiene los conocimientos necesarios para poder pertenecer a aquellos que escriben.
Sin embargo frente a condiciones de producción similares, la publicación electrónica ofrece medios más sencillos y accesibles de edición, además de ciertas y muy importantes ventajas diferenciales, como la reducción de costos de impresión con una mejor edición como resultado y, ante todo, la posibilidad de ofrecer el conocimiento de una sola vez a todo el mundo.
Hoy día proliferan sitios sobre historia, sociología, ciencia, poesía, música, artes visuales, etc. Basta una pequeña palabra inserta en alguno de los múltiples motores de búsqueda conocidos en la red para acceder a cientos de páginas de nuestro interés. Aquel conocimiento que escapa de la trama que imposibilita su producción cuenta (a través de una simple computadora instalada en el living de una casa y un cable telefónico), con la posibilidad de ser conocido.
En la antigüedad, Eratóstenes podía conocer y recordar cada uno de los papiros en su biblioteca, sólo unos escogidos podían producir la totalidad del conocimiento contenido en sus estantes. En el ámbito del conocimiento impreso, las posibilidades de ser incluido en el catálogo de una biblioteca dependían de la edición, la posibilidad de donar ejemplares, logrando en la mayoría de los casos la inclusión en uno o dos de los miles de catálogos de las miles de bibliotecas del mundo.
A partir de la posibilidad de la publicación electrónica podemos objetivamente, como autores, superar el numero de lectores, logrado incluso un enriquecimiento de nuestra producción a través del intercambio permanente de información.
Sin embargo... ¿Qué es lo que efectivamente sucede con esta información? ¿Cuán fácil es ser encontrado? ¿Estamos efectivamente frente a la Nueva Alejandría o caemos desde la Torre de Babel?
Babilonia: El universo de los que buscan
Todo el mundo tenía un mismo idioma y usaban las mismas expresiones. Pero al emigrar los hombres desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Sinear, y se establecieron allí.
Entonces se dijeron unos a otros: Vamos a hacer ladrillos y cocerlos al fuego. El ladrillo reemplazó la piedra y el alquitrán les sirvió de mezcla.
Después dijeron: Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. Así nos haremos famosos, y no nos dispersaremos por todo el mundo.
Yahvé bajo para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo Yahvé: Veo que todos forman un sólo pueblo y tienen una misma lengua. Si esto va adelante, nada les impedirá desde ahora que consigan todo lo que se propongan. Pues bien, bajemos y confundamos ahí mismo su lengua, de modo que no se entiendan los unos a los otros
Así Yahvé los dispersó sobre la superficie de la tierra, y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí Yahvé confundió el lenguaje de todos los habitantes de la tierra[13]
Una vez más insisto, las resistencias no se dan sino al interior y enmarcadas por relaciones de poder. ¿Son grandes rupturas radicales, particiones binarias y masivas? A veces. Pero más frecuentemente nos enfrentamos a puntos de resistencia móviles y transitorios, que introducen en una sociedad líneas divisorias que se desplazan rompiendo unidades y suscitando reagrupamientos, abriendo surcos en el interior de los propios individuos, cortándolos en trozos y remodelándolos, trazando en ellos, en su cuerpo y su alma, regiones irreductibles.[14]
Las micro resistencias, los pequeños grandes ilegalismos que la horizontalidad de la red permiten, el salto a través de la fisura, conforman un nuevo sistema de relaciones. Sin embargo, así como las tácticas y estratégias destinadas al control pueden ser interpeladas desde otros sitio, el lugar de la resistencia puede (y es habitualmente), ser absorbido por nuevas y más fuertes relaciones de poder.
La sociedad que vigilaba los cuerpos no existe ya, vivimos en la sociedad del control total. Las grandes estructuras de dominación se han desintegrado dando paso a un micro control, muchas veces a cargo de los mismo ciudadanos.
Vivimos en una sociedad, en un sistema de dominación, que nos encarga a nosotros hacer el trabajo sucio, que nos enfrenta unos contra otros, que reconstruye el viejo concepto del otro peligroso. Nos instigan a cuidarnos de los delincuentes y cobrarles ojo por ojo. Nos impulsan a nadar contra la corriente, pero hundiendo las cabezas de quienes nadan hacia el otro lado. Nos cuentan que brillar es bueno, pero si sólo nosotros brillamos. Nos enseñan los emprendimientos personales, olvidándose de las tareas en conjunto. Somos vistos o no vistos a partir de nuestra potencialidad como clientes. En esta sociedad las relaciones, el conocimiento, la producción, se encuentran fraccionadas, y esta atomización es útil a los efectos de la dominación, del sometimiento.
Y sí, Internet es Babel en cuanto (a pesar de la diversidad de la información contenida) los lazos unificantes en ella, lo que le daría valor diferencial como constructora del saber, no existen. Internet reproduce el entramado de relaciones que en su afuera se tejen.
Y sí, Internet rebosa de conocimiento, conocimiento nuevo, inédito, no publicable en otros ámbitos. Llena sus espacios de las discusiones más auspiciosas, da lugar a cada uno de los movimientos, a todos los reclamos, desde el EZNL y el separatismo Vasco, hasta los Vecinos del Barrio de Saavedra en defensa de sus calles y el último movimiento neonazi.
Y sin embargo, y de cualquier manera, estos múltiples conocimientos no se ven la cara, no se conocen el uno al otro. La red refleja las luchas particularizadas, a corto plazo, desvinculadas de las otras luchas de nuestra década. Hoy día, quienes pelean por los derechos de la mujer no se conocen las caras con quienes intentan hacernos respirar a todos, incluyendo las mujeres, un aire un poco más puro; quienes tratan de darnos unas condiciones de trabajo un poco más dignas, no se enteran de cómo luchan unos indios a las puertas de un centro de convenciones en Seattle. Así como no nos conocemos las caras en la realidad, no nos conocemos las voces en la virtualidad. Como en Babel, nuestros lenguajes se confunden y la torre se desmorona.
El papel histórico de las resistencias no sólo ha sido el de fragmentar los grandes sistemas, sino también, y fundamentalmente, generar el cambio y cimentar, en unas nuevas relaciones de poder, nuevas estructuras. Conocemos estas estructuras, el nombre de los dominadores cambia, no siempre así el de los dominados. La resistencia que se ejerce produciendo conocimiento en la red no es diferente a las demás. Con sólo una mirada a las calles de Buenos Aires empieza a verse un cambio que nos deja muy lejos de nuestro paraíso participativo. Los que escriben, los que leen, los que buscan, corren peligro de, una vez más, sólo ser los que compran.
Sólo una participación activa y múltiple hará de Internet un espacio distinto, ello no depende ya de ninguna de sus características técnicas. Es una decisión política y no técnica la de no buscar más de lo mismo, la de evitar la búsqueda pautada de los portales, la de participar activamente en las listas de discusión y sobre todo, la de vincular, la de generar un lazo y un nuevo conocimiento hacia adentro de la red que modifique nuestras relaciones hacia fuera. Sólo así, Babel podrá ser reconstruída, sólo así David puede vencer a Goliat.
[1] Sagan, Carl; Cosmos; Editorial Planeta, Barcelona, 1997; Pág. 18
[2]Beccaria, Cesare; De los delitos y las penas; Hyspamerica, Buenos Aires, 1984; Pág. 51
[3]Foucault, Michel; ¿Qué es un autor?, Universidad Autónoma de Tlaxcala ,México, 1985, Págs. 9-10
[4]Foucault, Michel; Curso del 7 de Enero de 1976 en Microfísica del Poder; Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992; Pág. 134
[5] idem; Pág. 134
[6]Foucault, Michel; Curso del 14 de Enero de 1976 en Microfísica del Poder; Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992; Págs.139-40
[7]Livingston, Rodolfo; Memorias del un funcionario; Ediciones de La Urraca, Buenos Aires, 1991; Pág. 83
[8] ídem; Págs. 82-3
[9] Vazquez, Pablo; Campañas en la Red. Un estudio sobre los intentos de regulación de contenido;
[10] Foucault, Michel; Historia de la sexualidad; Siglo XXI editores, Coyacán, México, 1995; Pág. 117
[11]Perrone, Ignacio; Internet y las publicaciones científicas;
[12] En tiempo, esfuerzo y dinero.
[13] La Biblia (Edición Latinoamericana); Editorial San Pablo, Madrid, 1989; Génesis.11
[14] Foucault, Michel; Historia de la sexualidad; Siglo XXI editores, Coyacán, México, 1995; Pág. 117.
Bibliografía:
Beccaria, Cesare; De los delitos y las penas; Hyspamerica, Buenos Aires, 1984.
Diccionario Herder de Filosofìa en CD ROM.
Enciclopedia Encarta 99, Microsoft.
Encyclopedia Británica CD 98. Multimedia Edition.
Foucault, Michel; Historia de la sexualidad; Siglo XXI editores, Coyacán, México, 1995.
Foucault, Michel; La arqueología del saber; Siglo XII Editores, Coyoacán, México, 1996.
Foucault, Michel; La vida de los hombre infames; Editorial Altamira, Buenos Aires, 1996.
Foucault, Michel; Microfísica del Poder; Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992.
Foucault, Michel; ¿Qué es un autor?, Universidad Autónoma de Tlaxcala ,México, 1985.
Heim, Michael; Metafísica de la realidad virtual; Oxford University Press, New York, 1993.
La Biblia (Edición Latinoamericana); Editorial San Pablo, Madrid, 1989.
Livingston, Rodolfo; Memorias del un funcionario; Ediciones de La Urraca, Buenos Aires, 1991.
Perrone, Ignacio; Internet y las publicaciones científicas.
Sagan, Carl; Cosmos; Editorial Planeta, Barcelona, 1997.
Vazquez, Pablo; Campañas en la Red. Un estudio sobre los intentos de regulación de contenido.