LA FALACIA DE INTERNET

por FRANCISCO SIMON

 

 

INTRODUCCIÓN

A partir del presente trabajo me propongo reflexionar acerca de la relación entre nuevas tecnologías de comunicación y relaciones sociales.

Para realizarlo será imprescindible considerar las relaciones económicas de poder, en las que la tecnología se inserta.

Un problema de estas características ofrece distintos puntos desde donde comenzar y multiplicidad de caminos por donde avanzar.

Por ello reconozco que no sólo es inevitable sino imprescindible tomar partido en este debate.

El desarrollo tecnológico que se ha producido en las últimas décadas genera gran cantidad de posibilidades, pero también otro tanto de amenazas.

La mirada crítica y reflexiva que podamos ejercer desde la periferia debe considerarse como una herramienta inclaudicable en la lucha por convertirnos menos observadores y más protagonistas de las transformaciones en este nuevo siglo.

 

TECNOLOGÍA

 

Definir tecnología implica defender una postura fundamental a la hora de abordar la problemática.

La tecnología es un fenómeno abarcativo que está inmerso en una matriz social atravesada por el mercado. Desentenderse de esta definición llevaría a la reducción de tecnología a una simple herramienta.

Se trata de entender a la misma en su dimensión completa: alejarse tanto de las posturas economicistas (en estas incluyo a las lecturas más simples y lineales de Marx), como así también de aquellas que glorifican cada nuevo desarrollo y se escudan en cierto discurso cientificista cargado de un positivismo tecnológico.

Por tecnología entiendo entonces una práctica, un conjunto de saberes compartidos entre diferentes actores de una sociedad. Tecnología es causa y al mismo tiempo efecto de la relación establecida entre aquellos actores. Está inmersa en una matriz social y económica en un sin fin de relaciones rizomáticas.

No se puede pensar la tecnología inocentemente desentendida de sus sentidos y aplicaciones. Evitemos las pancartas extremistas que tomaron los apologistas tecnófilos y los embravecidos luditas.

Debemos mantener una mirada crítica por cuanto la tecnología “es la variable instrumental y dado que las máquinas son incapaces, aún, de dictar los ideales sociales, cabe exclusivamente al cuerpo social determinar los modelos de convivencia que se desean alcanzar. Una vez explicitados en forma consensual, y sólo entonces, se debería acudir al catálogo de tecnologías disponibles a fin de contrastar su compatibilidad con la elección política que la precede” [1] .

Debemos reclamar una vuelta a la antigua Techné, aquella que le asignaba al contexto social y a la ética un lugar primordial, aquella que indagaba también el por qué sabiendo que el cómo no era suficiente. Una visión crítica entonces para reclamar a la tecnología un lugar dentro de esta cosmovisión del mundo que es la técnica clásica que “no se restringe a vivir bien...incluye una vida ética” [2]

 

EL DEBATE INTERNACIONAL

 

Para entender el fenómeno de internet es necesario rastrear los inicios del debate internacional en torno a las nuevas tecnologías de la información.

Un seguimiento de las posiciones tomadas por los países centrales y los periféricos, nos permitirá entender las valoraciones que cada parte ha tenido acerca de la tecnología y, ciertas falacias que se mantuvieron hasta el presente.

La aparición y propagación de los medios de transmisión radioeléctricos ha sumido desde su origen dos grandes bandos en luchas y enfrentamientos contantes: los países centrales o desarrollados, como pioneros y monopolizadores tanto de tecnología como de know how por un lado; y los países dependientes o tercer mundistas en evidente inferioridad de condiciones por otro.

Este conflicto ha abarcado mas allá de los medios gráficos, radiales y televisivos también a las eternamente denominadas nuevas tecnologías: transmisiones satelitáles, TV por cable, etc.

 

El debate internacional ha tenido tres grandes etapas:

 

Una inicial en la que se produjo el surgimiento y la estructuración de las demandas periféricas, que se ubica temporalmente desde la 4° Conferencia de Jefes de Estado y Gobierno de los Paises No Alineados (Argel, septiembre de 1973) hasta la 19° Reunión de la Conferencia General de la UNESCO (Nairobi, noviembre de 1976).

A pesar de seguir manteniendo economías completamente dependientes, se consideró en aquel entonces que el proceso de descolonización había avanzado notoriamente. Pocas colonias seguían manteniendo un control político directo por parte de los imperios y muchas festejaban varios años de consolidación de su independencia.

Surgió entonces una nueva oleada de reclamos. La colonización no había dejado sólo efectos políticos y sociales, con entronadas oligarquías acomodadas en cada país. También había producido un desvastador efecto a nivel cultural. La independencia conseguida en términos políticos comenzó a ser exigida también en términos culturales.

Los reclamos tenían como objetivo revertir la dependencia cultural que había sido heredada de los tiempos de la colonia.

El imperialismo cultural amenazaba los valores socioculturales que distinguen a cada pueblo y lo define como soberano.

Por ello, los países dependientes comenzaron a denunciar las notorias desigualdades y el desequilibrio en el flujo internacional de información sobre el que se asentaba dicho colonialismo.

Pero resultó evidente que la conformación de un Nuevo Orden Internacional de la Información (NOII), no podía pretenderse sin la instalación de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Era necesario revertir las formas de explotación y dependencia económica a través de la conformación de un NOEI. Luego podrían trazarse los planes por el mejoramiento del equilibrio en el flujo informativo internacional, en correspondencia a las políticas de desarrollo de las economías de los países tercermundistas.

Pero ante la lucha por un “flujo informativo equilibrado” las potencias centrales exigían un “libre flujo de información”. La intervención de los Estados en el intercambio informativo era acusado de “sovietismo” dado que producía recortes en la libertad de prensa y la libertad de expresión.

Algunas de las demandas de los países periféricos presentadas ante los organismos internacionales en esta etapa fueron:

 

 

 

Una segunda etapa estuvo caracterizada por la búsqueda de una conciliación entre los distintos países en el seno de la UNESCO, y por un intento de cooptación de las propuestas de los países dependientes, por parte de los centros de poder transnacional.

Este momento se ubica desde la formación de la “Comisión Internacional para el estudio de los problemas vinculados con las comunicaciones y la información”, que elaboraría el importante informe Mc Bride, hasta la 21° Reunión de la Conferencia General de la UNESCO (Belgrado, octubre de 1980) en que fuera presentado.

Asumida la gravedad de la situación denunciada durante los años anteriores, los organismos internacionales debieron afrontar la problemática. En un intento por disminuir las tensiones y avanzar en el camino del análisis la UNESCO encargó, a una comisión presidida por Sean Mc Bride, la realización de un informe acerca del estado de las comunicaciones y la información en el panorama internacional.

Los raclamos de los países periféricos en estos años fueron:

 

 

Pero la reacción de las potencias centrales no se hizo esperar. Tanto la ONU como la UNESCO fueron acusadas de ejercer una “dictadura de las mayorías”. Los conflictos diplomáticos se profundizaron y con ellos las amenazas de retiro de apoyo a dichos organismos.

Para estos países el problema del subdesarrollo era producto de un simple atraso en las capacidades endógenas de los países pobres. Este argumento se enmarca en una teoría lineal del desarrollo por la que las relaciones centro-periferia son causa de meros desequilibrios en las capacidades productivas o tecnológicas algunos, y no el resultado de una larga historia de dominio de unos por otros.

La informática es presentada como una oportunidad fantástica para reducir la brecha en el desarrollo de las naciones. La solución del problema se limita en esta perspectiva a la transferencia de tecnología de los países centrales a la periferia.

 

La tercer etapa se inicia con la presentación del Informe Mc Bride en la Conferencia General de la UNESCO en 1980 (Belgrado) y se extiende hasta la actualidad. Está caracterizada por una particularización de las posiciones entre los países del tercer mundo y por divergencias entre los países desarrollados a causa de la redefinición de la política norteamericana en términos de relaciones bilaterales.

La presentación del Informe Mc Bride estableció claramente la relación existente entre comunicación, relaciones de poder y democracia. “La comunicación está estrechamente ligada con estructuras de poder. Una comunicación unilateral, o incluso bilateral, refleja y respalda las estructuras autocráticas y paternalistas. La circulación multilateral de la información es un instrumento indispensable de la democratización y de una mayor participación de las masas en la formulación de las decisiones y del respeto mutuo de las relaciones internacionales”[3] . También señaló a la circulación multilateral de la información como un elemento indispensble en la conformación de las democracias y los planes de desarrollo de los países del tercer mundo.

El informe definió por primera vez los puntos en los que debería basarse el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC):

 

 

Pero la presentación del informe generó reservas por parte de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania Federal y Japón, quienes retomaron el argumento de las intervenciones en políticas de comunicación como un aumento de censura y por lo tanto una amenaza a la libertdad de expresión.

Pero el debate por el NOMIC hizo evidente que “en el tercer mundo la complejidad de problemas y situaciones específicas que enfrentan las distintas regiones y países, requieren la búsqueda de soluciones particulares y de respuestas viables y efectivas para cada una de ellas mas allá de los marcos globales de acuerdo que las unifican” [4].

El resquebrajamiento de la unidad de los reclamos tercermundistas, sumado al replanteo de la política exterior norteamericana en términos de relaciones bilaterales llevó a la constitución de nuevas relaciones de intercambio.

La conformación del eje conservador Reagan-Tatcher-Kohl estableció preferencias para las corporaciones transnacionales en el tercer mundo a cambio del traspaso de tecnología. Una vez más se profundizó la dependencia mantenida durante tantos años, para la que el tercer mundo es meramente un mercado. Los valores del NOMIC quedarían sepultados por una intensa campaña de los principales grupos mediáticos transnacinales que defendieron triunfalmente el libre flujo informativo y la publicidad como fuente de financiamiento y garantía de libertad de expresión.

 

LAS FALACIAS DEL DEBATE

 

El debate interncional sobre las tecnologías de la información ha sido estructurado a partir de la implantación de ciertas falacias por parte de las potencias mundiales. Podemos intentar un agrupamiento de las más importantes del siguiente modo:

 

 

Pero estas falacias no soportarían el primer enfrentamiento.

Además de estar sustentado en una simplista teoría lineal del desarrallo, resulta imposible explicar los atrasos de ciertos países por meros motivos endógenos. No puede evitarse un análisis comprensivo de años de imperialismo y colonialismo, que generaron economías y organizaciones acordes a sus propios objetivos. Generalmente apoyados por oligarquías locales, las disintas potencias han mantenido lazos políticos, económicos y sociales más o menos formales hasta el presente.

Presentar a la tecnología como un medio de promoción y apoyo a los países subdesarrollados implica una reducción a herramienta de la misma, y la despoja de la matriz social y económica en la que toda tecnología está inserta. También produce una simplificación del concepto de desarrollo equiparándolo con modernidad.

Sólo se transfiere la herramienta, el hacer, mientras que el conocimiento, el saber es propiedad excluyente de los países centrales.

Para Cees Hamelink la transferencia de tecnología es junto a la industria publicitaria un vehículo de “sincronización cultural” que está amenazando las identidades nacionales. “La moderna tecnología de las comunicaciones se ofrece al mundo con la promesa de que la expresión de la diversidad cultural está ahora definitivamente garantizada. Pero en realidad la evidencia indica que la tecnología controlada desde el centro se ha vuelto el instrumento a través del cual la diversidad es destruida y reemplazada por una única cultura global”[5]

La investigación, el desarrollo y el acelerado ritmo de renovación tecnológica impuesto por la transferencia de tecnología, lejos de promover el desarrollo de las capacidades propias, deriva en una mayor dependencia de los países pobres con las corporaciones transnacionales de crédito y tecnología.

La aférrima defensa que el primer mundo hace del libre flujo de la información no es más que una defensa del status quo, caracterizado por la unidireccionalidad de las grandes masas de información y la concentración de la misma por los países centrales. El 80 % de la información está producida por las grandes potencias generando una unidireccionalidad de los flujos de información en lugar de la multidireccionalidad que, en teoría, supone la libertad de circulación e intercambio.

Esta situación es funcional a la matriz económica que atraviesa la tecnología, pues el mercado mundial “requiere una sincronización óptima de los valores culturales de manera que las individualidades nacionales no perjudiquen la unidad del sistema transnacioanal”[6].

 

EL PAPEL DE INTERNET EN EL ESCENARIO MUNDIAL

 

El crecimiento de internet ha generado entusiasmo en practicamente todos los sectores de la sociedad. Empresas, gobiernos y usuarios han acogido con agrado la propuesta que la nueva tecnología ofrece.

En términos descriptivos, Internet parece concentrar todas las posibilidades de resolución de las demandas que los países periféricos mantuvieron en el transcurso del debate internacional sobre la comunicación y la información. Se presenta como el sueño de un NOMIC al fin realizado:

 

Acceso y participación: posibilidad de acceder a los canales de información, pero también de participar en la generación de la misma.

 

Desde la visión de los países centrales también respeta sus exigencias:

 

 

Esta situación de doble aprobación debe resultarnos cuanto menos llamativa. ¿Por qué Internet se ha instalado en el imaginario de los países centrales y de los periféricos como algo positivo?

 

A mi entender esto es producto de la instalación de una nueva falacia entorno al debate de tecnologías y comunicación.

Se presenta a Internet como la tecnología más democrática ya que con costos accesibles, cualquiera puede pasar del goce consumista ilimitado, a la producción y espectacularización sin fronteras de sus propias ideas, productos o intereses.

Pero Internet ha conectado en la actualidad sólo al 3 % de la población mundial y el 80% de los contenidos está generado en los Estados Unidos. Resulta evidente que la mera potencialidad de internet no alcanza para equilibrar la circulación e intercambio de información.

Giuseppe Ricchieri[7] señala que en la actualidad se están produciendo dos fenómenos interelacionados: convergencia y concurrencia. Convergencia de la radiodifusión y las telecomunicaciones que ha borrado los límites con los que cada actividad había surgido. La conformación de redes digitales de banda ancha permite que un solo canal transporte datos multidireccionalmente, brindando una cada vez mayor cantidad de servicios. Concurrencia intersectorial de los antiguos actores de cada actividad hacia la conformación de gigantescas corporaciones transnacionales.

La mayor parte de la producción local en internet es absorvida por el capital financiero de dichas corporaciones con una velocidad y a unos montos hasta hace un tiempo inimaginables.

La sincronización cultural se ve reforzada por los conglomerados de internet que arrasa con las identidades nacionales y regionales, tomando el control directo de las propuestas localistas o generando acciones paralelas de mayor envergadura.

El nivel de inversión publicitaria necesaria para lanzar y mantener con cierto liderazgo los proyectos de internet hace que resulte inviable para quien no tenga acceso a capitales de inversión. A modo de ejemplo mencionemos que la inversión en medios realizada en Argentina en 1999 por El Sitio fue de $ 6.200.000 (julio-diciembre), por UOL $ 3.600.000 (octubre-diciembre) y por Ciudad Internet $ 5.700.000 (enero-diciembre)[8]. Estas cifras hacen pensar que por más brillante y creativo sea un proyecto minoritario o localista, deberá enfrentarse con competidores bien preparados.

¿Hasta que punto este escenario genera optimismo? Estamos ante el surgimiento de una nueva falacia: todos pueden producir en internet y las posibilidades de generar flujos de información son equitativas para todos. Nunca antes una tecnología había sido tan democratizante.

 

A MODO DE CIERRE

 

Creo que la potencialidad de internet es realmente democratizadora. Pero la capacidad de aprovecharla exije mucho más que una complice participación. El reforzamiento de las identidades nacionales y regionales, junto a la verdadera participación de las minorías en el proceso comunicacional actual sólo podrá realizarse con un doble compromiso. Por un lado el que deberá asumir el Estado para la definición de Políticas Nacionales de Comunicación, que brinden acceso a la tecnología y capacidad de uso. Por otro el que deberá asumir la sociedad civil, a través de ONG o agrupaciones civiles, para desarrollar acciones de tratamiento de sus temáticas.

La intención es “imaginar como el uso de la información internacional y la simultánea necesidad de pertenencia y arraigo local pueden coexistir, sin jerarquías discriminatorias, en una multiculturalidad democrática”[9].

“En momentos como este hay que aguzar los ojos de la imaginación realizando ejercicios que nos muestren no tanto la brecha insalvable que nos separa de los países centrales, cuanto la existencia de atajos o puntos de singularidad a través de los cuales sería posible llegar más pronto, o en mejores condiciones, a mundos más equitativos y tentadores, que a través de la dolorosa y mimética copia de los pasos dados por las grandes potencias. Sin dejar de lado que, a donde hay que llegar no es allí donde esos otros países hoy nos convocan con hipnótica atracción, sino a mundos virtuales sólo pasibles de creación a partir de una intensa exploación interior y de un reforzamiento de identidades culturales y sociales indelegables en ningún ideal transnacional”[10].

Sólo con una acción realista y práctica podremos aprovechar la oportunidad que Internet ofrece y evitar la instalación de una nueva falacia en el escenario mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Argumedo, Alcira: “Los laberintos de la crisis”. Punto Sur. Buenos Aires, 1987.

García Canclini, Néstor: “Consumidores y ciudadanos. Conflictos culturales de la globalización”. Grijalbo. México, 1995.

Hamelink, Cees: “Hacia una autonomía cultural en las comunicaciones internacionales”. Paulinas. Buenos Aires, 1985.

Mumford, Lewis: “Técnicas autoritarias y democráticas”. Revista Anthropos. Barcelona, 1989.

Muraro, Heriberto: “Neocapitalismo y comunicación de masa”. Eudeba. Buenos Aires, 1974.

Negroponte, Nicholas: “Ser digital”. Atlántida. Buenos Aires, 1995.

Pasquini Durán, José María: “¿Cómo serán las relaciones del estado y la comunicación?”. Lepasa. Buenos Aires, 1987.

Piscitelli, Alejandro: “Ciberculturas en la era de las máquinas inteligentes”. Paidós. Buenos Aires, 1995.

Ricchieri, Giuseppe: “La transición de la televisión”. Bosch comunicación. Barcelona, 1994.

 


[1] Piscitelli, Alejandro: “Ciberculturas, en la era de las máquinas inteligentes”. Paidós. Buenos Aires, 1995.

[2] Mumford, Lewis: “Ténicas autoritarias y democráticas”. Revista Anthropos. Barcelona, 1989.

[3] Discurso de apertura de la XX Conferencia General de la UNESCO. Belgrado, 1980

 

[4] Argumedo, Alcira: “Los laberintos de la crisis”. Punto Sur. Buenos Aires, 1987.

[5] Hamelink, Cees: “Hacia una autonomía cultural en las comunicaciones internacionales”. Paulinas. Buenos Aires, 1985.

[6] Hamelink, Cees: Idem Op. cit.

[7] Ricchieri, Giuseppe: “La transición de la televisión”. Bosch comunicación. Barcelona, 1994.

[8] Datos publicados por la agencia de medios Carat-Fax.

[9] García Canclini, Néstor: “Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización”. Grijalbo. México, 1995.

[10] Piscitelli, Alejandro: Idem Op. cit.